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Fuera De Mi Cuerpo, Dentro De Mi Mente

Les describo un par de sensaciones raras:
Estoy haciendo algo (generalmente muy serio) y siento que en realidad no lo estoy haciendo yo, que mi mente está observando a mi cuerpo hacer las cosas, y que sólo marginalmente puede mechar un comentario sobre las cosas. En general puede que lo hayan notado cuando les está pasando algo grave y rápido (como la caída de un jarrón, resbalar por una escalera y delicias semejantes). Esa sensación de que todo corre en cámara lenta. La palabra inglesa es “detachment”, y en castellano probablemente sea “abstracción”. Hay un cuento de Cortázar en Historias de Cronopios y de Famas, donde el protagonista experimenta a piacere algo parecido a lo que les describo. Por desgracia, acá no encontrarán, la calidad de Cortázar. Si la encuentran, avisen.
El caso es que por una u otra razón lo noto seguido, ya tirando a lo habitual, como cuando uno se hace amigo de los monstruos que aparecen con una borrachera terminal, y termina festejando con ellos en un bar. No estoy seguro de si se debe a fallas en mi alimentación, a falta de sueño, a genes, o a una combinación de todo eso. El mundo parece fluir más lentamente, uno puede atrapar el jarrón un par de veces con el pie y, tal vez, salvarlo con el empeine. Una vez en un partido de fútbol yo, un tronco notorio (ni siquiera me gusta mucho jugar), hice un amague que sorprendió a todo el mundo... Todavía no sé qué hice exactamente, ni cómo. La cosa es que hasta yo noté algo raro mientras lo hacía. No volvió a repetirse, claro.

El punto de todo esto1, si es que hay uno, es la siguiente pregunta ¿Qué corno me pasa?
Sospecho que es algo así como una carga de adrenalina, una inyección de lucidez que normalmente uno no tiene disponible. No encontrarán acá discusiones sobre extraterrestres, fenómenos “paranormales” (díganme qué es normal y les comento qué puede ser lo “aparte de lo normal”) o etcéteras de ese tipo. No creo que los marcianitos sean la causa de que de pronto juegue bien al fútbol. Pero me aparto del tema. Cualquier aporte que puedan tener sobre el tema, por favor mándenlo, y será discutido acá.
Hay días en que me siento muy ajeno a todo esto que llamamos mundo, mirándolo de reojo, como si en realidad tuviera muy poco que ver conmigo, como si en realidad fuese un observador “imparcial”. Veo a veces a la humanidad como a la agrupación de animales que es, y otras veces como un viaje increíble que todavía no ha hecho más que empezar. Esto es, la sensación de abstracción es doble, por un lado hacia mí, por otro hacia los demás. Lo que es peor, esto ni siquiera es constante:hay muchos días en los que me siento tan humano como cualquier hijo de vecino. Esto explica mi posición sobre el aborto y otras yerbas, pero también explica que pueda (dicen) ser tierno y considerado2.
Realmente, algunas veces creo que tenemos que vernos más como animales (en un sentido “científico” de la palabra), otras siento que no puedo ser yo sin la belleza de canciones como Where The Streets Have No Name, cosa que ningún cerdo puede hacer. Si estoy en un día bueno, puede que una las dos visiones y piense que somos una especie animal con la rara habilidad de pensar, abstraer y crear cosas... Pero teniendo en claro que somos solamente eso.
Esto me recuerda una frase de D. Adams (autor, entre otras cosas, de la Guía del Mochilero Galáctico (The Hitch-Hiker's Guide to the Galaxy), un libro legendario entre los amantes de la ciencia ficción y el humor): “El hombre creía ser la especie más inteligente por haber inventado cosas como la guerra, la televisión o Nueva York, mientras los delfines lo único que hacían era divertirse y chapotear en el agua. Los delfines creían ser la especie más inteligente por exactamente el mismo motivo.”
Pueden ver en otras partes de este sitio, en particular en la página de entrada, que mi ansia principal es hacerlos pensar. Esa es la característica que nos define como especie (nótese: no digo “que nos aparta de los animales”; porque somos animales, queramos o no). Aprovechemos la cualidad que nos define. Vale la pena salvar vidas, en todo caso, no por un alma que vaya a ir al paraíso o no, sino porque de otro modo es una mente creativa que se pierde. Vale la pena pelear contra el asesinato de bebés porque son mentes que no van a poder pensar. Pero vale la pena apoyar una ley que enseñe a decidir qué hacer en pareja porque a los padres también les toca el derecho y la obligación de pensar, más allá de lo que puedan decir o pensar Perón y la iglesia al respecto.

Para cambiar nuevamente de tema:
Ayer escuchaba de costado el programa de radio “Apagá la Tele” (Rock n' Pop, 95.9, 21:00 creo) donde discutían una encuesta sobre las entidades más creíbles: la iglesia fue elegida como la entidad más creíble, seguida por el periodismo. El conductor del programa se preguntaba cómo una organización tan cuestionada últimamente por los casos de curas como el padre Grassi y compañía podía aparecer en lo más alto de las encuestas de credibilidad. Personalmente también lo hago, aunque también me pregunto cómo una profesión que cuenta entre sus miembros a Hadad, Majul, Grondona, Neustadt, Rial y los editores de panfletos como El Guardián pueden llegar al segundo lugar...
La cosa es que en medio del programa llamó un fanático cristiano, protestando por la emisión al aire de la opinión del conductor del programa y cuestionándole su fe, afirmando que la iglesia y la fe son la misma cosa, que la voz de Dios es lo que él y otros escribían en un diario de una parroquia, que el conductor se iba a ir al infierno, y yerbas similares.
Lo más notable es la capacidad de esta persona para evitar pensar en la posibilidad de que otro piense distinto. La capacidad para poder decir “en realidad, en este tema el único que puede estar en lo cierto soy yo, sin importar lo que esta persona que está del otro lado de la línea pueda decir.” Por si no se han dado cuenta hasta ahora, eso me da asco. Profundo, visceral asco. Me aterroriza, me enfurece el que alguien pueda o quiera decir “tu opinión debe ser ésta.”
Ojo: cuando discuto de ciencia la cosa es otra: uno no puede “opinar” que un árbol mide 5 metros si mide 10. Los hechos no son opiniones. Las teorías científicas son discutibles, por supuesto, y se discuten todo el tiempo. Pero una cosa es proponer una nueva teoría para refutar una anterior o para explicar un fenómeno, y otra muy distinta es inventar una explicación para algo y disfrazarla de hecho. Hay una tradición científica además, la de seguir la “navaja de Occam” (en resumen, es el principio KISS: “keep it simple, stupid!”): Dice que en el momento de elegir entre dos hipótesis equivalentes, se empiece por la más simple. Obviamente, la simpleza es relativa: cosas como la física de partículas no tienen una explicación sencilla, pero la que hay es una mucho más simple que las alternativas.
Noto que este artículo parece haber girado decididamente hacia la ciencia y esas yerbas. En realidad, sigue hablando de las ideas y sensaciones, pero se concentró por un momento. Sigamos y reencaucemos.

1 Por supuesto, el punto principal es entretenerlos con algo para leer mientras mis comandos subliminales se apoderan de sus subconscientes, pero eso es otra cosa. Prepárense a experimentar la vida de un pollo de goma con una polea en el medio.

2 Si seguimos así vamos a llegar a la conclusión de que soy una persona como otras... Brrr.

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