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La Noche de la vigilia de los cerdos
26/12/2003
La festividad que da título a este ensayo es creación de Terry Pratchett, y consiste en el paso del Papá Cerdo por todas las casas del Mundodisco, repartiendo cecinas a todos los niños.
En el Mundodisco, el Papá Cerdo maneja un trineo llevado por una piara. En nuestras tierras, creemos (aún más ridículo) en un gordo barbón muy abrigado de rojo, comemos turrón, pan dulce y platos grasosos, tragamos bebidas ricas en alcohol, y preparamos un gran pino de navidad para festejar ya nadie sabe qué. Esto es, claro, sin contar a la amable teleaudiencia musulmana, hebrea o de otras religiones. ¡Feliz Kwanza para todos!
Como el pensar en la navidad y las fiestas de fin de año en esos términos realmente no me gusta, intento hoy encontrar lo que esto significa para mí. Mi familia en estos días tiene un tiempo de reencuentro, en el que vemos a mis parientes de Inglaterra, a mi abuela y mis parientes de La Pampa; y por supuesto también a montones de amigos de los que me aleja la distancia y, por qué negarlo, un poco de pereza. Este es el rasgo principal de las fiestas para mí: un momento en el que, sea por el motivo exterior que sea, encuentro de nuevo a mucha gente a la que quiero, saludo y me pongo nuevamente en contacto con otros tantos, y me divierto con el tercio restante.
Como en mi caso particular además de las fiestas está mi cumpleaños (a principios de año), los regalos caen en general por partida doble. Y ahí aparece un detalle para mí importante: generalmente alguien me regala plata, y no me gusta. Me sirve, y mucho, por supuesto: hace unos años, pude comprar una guitarra gracias a todos los regalos; algo que quería realmente mucho, y que difícilmente hubiese conseguido de otro modo. Pero me gusta mucho más ver que alguien se toma tiempo en elegir algo que cree que me va a gustar, o, mejor aún, algo que él/ella quiere compartir conmigo. Es posible que los presentes que doy no siempre sean lo que más aprecia alguien, pero siempre intento que sean algo que dice mucho sobre mí y sobre la persona que los recibe. Dar un regalo es una de las pocas maneras que este salame inexpresivo que escribe tiene para hacer llegar imágenes y sentimientos a los demás. La otra es escribir, como verán.
Además de la molestia pasajera que pueda sentir, a veces pienso en las fiestas, en cómo surgieron, en qué las hace aparecer. En particular, la leyenda y el rito de regalar cosas en navidad surge, según tengo entendido, de la historia siguiente:
Una familia muy pobre se lamentaba por su situación y una persona (un rey / San Nicola di Bari / whoever) los oyó a través de la ventana. Siendo un alma caritativa, este personaje decidió tirar por la ventana una bolsita de monedas. La alegría de la familia que ahora podría comer y abrigarse habría hecho nacer la tradición.
Por otro lado, la navidad cristiana también es una manera de superponerse y de subsumir ritos paganos anteriores: La excusa del nacimiento de Cristo, mezclada con la de San Nicolás, aplastó y adaptó las celebraciones de Yule en inglaterra, y otras en otros pueblos. Era tradición entonces, aunque posiblemente no todas en la misma fecha, celebrar ritos para alejar el invierno (hablamos del otro hemisferio, claro), para pedir por las cosechas del año siguiente (Que no era en Enero, con toda seguridad, porque todavía no había "Enero" hasta -creo- la época de Julio César. Ciertamente el mes Januarius, en honor al dios de dos caras, era el de comienzo de año, pero no sé exactamente en qué época se introdujo al calendario).
Y con esto hemos celebrado juntos la Navidad, la Noche de la Vigilia de los Cerdos, Kwanza (una fiesta inventada para que nosotros los ateos nos sintamos cómodos), Hanukkah para los Judíos, etc., además de aprender un poco sobre el año nuevo, posiblemente. Pero ya es hora de dejarlos: tengo que abrir otra caja, y me están llamando para cortar y servir el cerdo asado. Cuídense, y pásenla muy bien en estas fiestas, sea lo que sea que les parezcan.
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