The Inside Out


Este sitio La web

¿Sufriste un ataque de generosidad y quieres regalarme algo? ¡Gracias! Fíjate en mi lista de deseos en Amazon.

Hai avuto un attacco di generosità e vuoi regalarmi qualcosa? Grazie! Controlla nella mia lista dei desideri su Amazon.

Soledad - Solitudine

30/10/2004

Solitudine - da questo testo, incomincio a scrivere anche in italiano.

El plomo de la soledad desciende gris, negro y blanco resplandeciente por mi cuello. Me faltan en este momento amigos cercanos y lejanos, me falta ahora la mujer que tuve hasta no hace mucho. Siento dentro de mí fuerte e incesante la necesidad de reverlos a todos. Como un ave que despierta en medio de la noche, llamada por el lejano Egipto, oigo ahora las voces débiles de aquellos cercanos a mi corazón. Ellas me llaman, me llaman desde siempre.

Cuando dejé a todos - pero esta es una historia de años atrás - no pensé en ello. Si lo hice, fui rápidamente disuadido por las sensatas palabras de la gente a mi alrededor. Vale decir, esas mismas voces que ahora me hablan me convencieron de alejarme. Yo me contaba entre ellas, y las palabras que oí fueron también, para bien o para mal, las mías. Hoy, a distancia de tantos años, me reencuentro tirando a la vez de dos cuerdas. De un lado quizás estén el futuro, el deber, la responsabilidad. Del otro entreveo no solo el pasado, sino también aquellos que de mi pasado formaron parte y que se encuentran junto a mí aún hoy. Estas son justamente las voces que me llaman, que llaman sin jamás dejarme en paz.

Cada tanto una voz nueva se agrega al coro. Esto no es normal, principalmente debido a mi reserva. Soy en general muy callado, aunque tal vez no lo parezca a quien me conoce solamente a través de estas verborrágicas líneas. En particular, en estos días noté o creí notar un hecho interesante. Si tengo un puente para entrar en un grupo, alguien que me presente, me es más fácil hablar, exponerme, hacerme vulnerable. Si en cambio no tengo a nadie que me sirva como conexión me es extremadamente difícil comenzar a relacionarme. Recuerdo ejemplos de esto cuando conocí a mis amigos del ARYE en Argentina hace años, y de nuevo cuando comencé la universidad en San Luis y Buenos Aires; y antes aún cuando empecé la escuela secundaria en el CUC en 1992. Supongo que se deba principalmente a ciertas experiencias muy desagradables en mi escuela primaria, pero indudablemente mi timidez se desarrolló antes, cuando era muy chico.

Ya en la infancia recuerdo haber sido mucho más tímido, silencioso e introvertido que mi hermano. Siempre estaba ocupado en otros mundos de corsarios negros, viajes alrededor de la luna o cacerías de dinosaurios en una meseta perdida en el Brasil. Conversaba con detectives y astronautas, vaqueros americanos y aristócratas ingleses, espías rusos y marcianos. Obtuve un gran placer, y aprendí de todos ellos no poco, pero dejé de lado la experiencia del mundo real, y esto me provocó no pocas dificultades. En particular, me dejaba -y me dejo aún hoy- pisotear demasiado. No entiendo ciertas inflexiones del lenguaje, miradas, o sugerencias, ciertos mensajes corporales como "desaparece, idiota" o "si, más de eso, por favor", o me cuestan mucho más que lo normal. En pocas palabras, mis engranajes sociales no están bien aceitados. Como ejemplo, piensen en una conversación con una linda muchacha. Los que de ustedes sean capaces de transportarla y dejarse transportar al resultado deseable interpretando lo que ella sugiere, entenderán mi imperfección. Los demás la comparten conmigo, supongo.

Por otro lado, cuando logro hacerme de amigos normalmente son grandes amigos. Puede ser en parte debido a que acepto mucho (esto está conectado al defecto del que hablaba antes), pero también se relaciona con el hecho de que intento dar mucho. Esto puede parecer arrogante, pero es una simple hipótesis. Después de todo, algo hay. Como sea, tengo dentro esta necesidad de dar. Amor, conocimientos, afecto, tiempo, palabras, tal vez todo esto junto.

Por supuesto, alguno de ustedes se estará diciendo "pero este es el mismo que no habla nunca y que no se abre ni para las cosas más graves?" Bueno, soy yo. Un balance entre la timidez y esta necesidad.

Cuando tenía 18 años, y era socialmente un idiota, sentía esta necesidad con mucha más fuerza. Tal vez es que ahora no tengo exactamente la misma furia hormonal confundiéndose en mi joven seso. Hice montones de estupideces, como todos. Llamé a chicas en medio de la noche, dije frases que no debería haber pronunciado jamás. Lloré, reí como loco, escuché música ultrajante, fascinante; bebí abundantemente. Hablé, vi, sentí entonces tantísimas cosas que tengo aún dentro mío. Recuerdo bien una de mis experiencias más fuertes de entonces: mientras miraba la película "The Wall" por segunda vez, absolutamente absorbido por la música y la imagen, mi hermano apagó el video para ver algún dibujo animado, con la excusa de que "podía rever la película en algún otro momento". Mi hermano es así.

La fuerza de la desconexión me hizo sentir miserable por el resto del día, y desembocó en llanto desconsolado esa noche en una fiesta. Al amigo que en ese momento no me dejó solo, y a la amiga que debió soportar poco después mi frustración les envío un gracias y una disculpa, respectivamente. En esos días me sentía solo en particular porque no podía estar junto a esa misma amiga, en lugar de sentirme solo de modo más general.

No digo que eso fue tiempo perdido, para nada. Conocí mejor a muchos de mis amigos, o ellos me conocieron mejor a mí. Escucho todavía hoy esa música, y siento el mismo placer yendo contra la corriente. Pero entiendo mejor lo que quiere decir estar solo, qué significa amar a alguien, qué lindo es que lo amen a uno, y qué feo es herir o ser herido por amor, y cuán doloroso es estar lejos.

Cierro entonces con un regreso al plano poético con el que comencé, y me devuelvo al presente desde el lejano pasado al que descendí. Es lo correcto, o al menos lo simétrico. Que a veces quiere decir exactamente lo mismo.

Solitudine

Il piombo della solitudine mi scende grigio, nero e bianco splendente per il collo. Mi mancano in questo momento amici vicini e lontani, mi manca adesso la donna che ebbi sino a non molto tempo fa. Sento dentro di me forte e incessante questa necessità di rivedere voi tutti. Come un uccello che si sveglia nel mezzo della notte chiamato dal lontano Egitto, odo adesso le voci fioche di quelli vicini al mio cuore. Esse mi chiamano, mi chiamano da sempre.

Quando lasciai tutti - ma questa è storia vecchia di anni - non ci pensai. Se lo feci, fui velocemente dissuaso da sensate parole della gente attorno a me. Vale a dire, quelle stesse voci mi convinsero di allontanarmi. Io ero tra quelle voci, e le parole che sentii furono anche, bene o male, le mie. Oggi, a distanza di tanti anni, mi ritrovo tirando allo stesso tempo due corde. Da una parte forse il futuro, il dovere, la responsabilità. Dall'altra intravedo non il passato soltanto, ma anche coloro che del mio passato fecero parte e che sono accanto a me ancora oggi. Queste sono appunto le voci che chiamano, chiamano senza mai lasciarmi in pace.

Ogni tanto una voce nuova si aggiunge al coro. Questo non è normale sopratutto per la mia riservatezza. Sono normalmente molto silenzioso, anche se non lo sembro a chi mi conosca soltanto da queste verborragiche linee. In particolare, in questi giorni notai o capii un fatto interessante. Se ho un ponte per entrare in un gruppo, mi é assai piú facile parlare, espormi, rendermi vulnerabile. Se invece non ho nessuno che mi serva da connessione mi è estremamente difficile cominciare un rapporto. Ricordo esempi di questo quando incontrai i miei amici all' ARYE in Argentina anni fa, e ancora quando cominciai l'università a San Luis e a Buenos Aires, e prima ancora quando cominciai la scuola media al CUC nel 1992. Suppongo si debba principalmente a certe esperienze molto sgradevoli che provai nella scuola elementare, ma indubbiamente le mie tendenze si svilupparono anche prima, quando ero molto piccolo.

Già nell'infanzia ricordo essere stato molto piú timido e silenzioso di mio fratello, sempre occupato in altri mondi di corsari neri, viaggi attorno alla luna o cacce ai dinosauri in preistorici altopiani del Brasile. Conversavo con detectives e astronauti, cowboys americani e aristocrati inglesi, spie russe e marziani. Ne ricavai grande piacere, e imparai da tutti loro non poco, ma tralasciai l'esperienza del mondo reale, e questo mi provocó non poche difficoltà. In particolare, mi lasciavo -e mi lascio ancora- calpestare un pó troppo dagli altri. Non capisco certe inflessioni, sguardi o suggerimenti che mi darebbero una piú profonda comprensione delle conversazioni. Non ho, in poche parole, la macchinaria di socializzazione bene oliata. Come esempio, basti pensare a una conversazione con una bella ragazza. Quanti di voi siano in grado di trasportare o lasciarsi trasportare verso il risultato desiderevole interpretando quello che lei ci sta dicendo capiranno la mia imperfezione. Gli altri, suppongo, la condividono con me.

D'altro canto, quando riesco a fare amici normalmente sono amici per la pelle. Suppongo che è in parte perché accetto molto (questo è connesso al difetto di cui parlavo prima) ma anche al fatto che tento di dare molto. Questo può sembrare presuntuoso, ma è semplicemente congettura. Dopo tutto, qualcosa c'è. Come sia, ho questo bisogno di donare. Amore, conoscenza, affetto, tempo, parole, forse tutto quanto questo.

Ovviamente, qualcuno di voi si chiederá "Ma è questo ragazzo che non parla mai lo stesso che dice di avere queste ansie?" Bene, sí, sono io. Questo é il bilancio tra la mia timidezza e la mia ansia.

Quando avevo 18 anni, ed ero socialmente un idiota, sentivo questo bisogno di dare amore molto più forte di oggi. O forse adesso non ho esattamente la stessa furia ormonale di allora confondendosi nel mio giovane cervello. Feci un sacco di stupidaggini, come tutti. Chiamai ragazze nel bel mezzo della notte, dissi parole e frasi che non dovrei aver mai detto. Piansi, risi come pazzo, sentii della musica oltraggiante e affascinante, bevvi abbondantemente. Parlai, guardai, sentii tantissime cose che tengo ancora dentro di me. Ricordo una delle esperienze piú forti di quell'epoca: mentre guardavo il film "The Wall" per la seconda volta, assolutamente assorbito dalla musica e dall'immagine, mio fratello spense il videoregistratore per vedere qualche cartone animato, argumentando che "potevo anche riguardare il film in un altro momento". Mio fratello è fatto così.

La forza della disconnessione mi fece sentire miserabile per il resto della giornata, e sboccó in pianto dirotto alla fine del giorno in una festa. All'amico che in quel momento non mi lasció solo, e alla ragazza che dovette sopportare di lí a poco la mia frustrazione invio un ringraziamento e una discolpa, rispettivamente. In quei giorni mi sentivo solo in particolare perchè non potevo essere accanto a quella ragazza, invece di sentirmi solo in un senso più generale.

Non diró che tutto quello fosse tempo perduto. Conobbi allora meglio molti dei miei amici, o essi conobbero meglio me. Sento ancora quella musica, e provo lo stesso gusto ad andare controcorrente. Ma capisco forse meglio che cosa voglia dire essere solo è, che cosa voglia dire amare qualcuno, quanto sia bello essere amati; come sia brutto ferire ed essere feriti per amore, e quanto sia doloroso essere lontani.

Chiudo dunque con un ritorno al piano poetico con cui aprii, e mi riporto al presente dal lontano passato a cui scesi. È bene, o almeno è simmetrico. Che forse vuole dire esattamente la stessa cosa.

Contactarme - Contattarmi

Ningún dato es necesario, salvo antispam y el texto del mensaje.

Nessun dato è necessario, aparte antispam e il testo del messaggio.

Si tienes problemas con el formulario, escríbeme a la dirección de correo en la imagen:

Se hai problemi usando il form, scrivi all'email nell'immagine:

mailto image

Nombre / Nome
Email
Subject
Anti Spam: 2 + 2 =
Texto / Testo