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The devil's advocate

30/03/2006

A José Luis Gago, poco después de su cumpleaños, por tantas, tantísimas cosas.

Introducción

Hace unos pocos días, tuve la enorme suerte de presenciar un gran concierto de un gran guitarrista. El auditorio era hermoso, la noche frí y bellísima, rara en este interminable y gris invierno. El son hacía fluir desencadenados y coloridos los pensamientos. El ir luego a cenar con el maestro, y el poder tener con él una conversación que tocó los temas de que hablo en este post no pueden haber sido malos tampoco.

Antes del espectáculo mi tía me dejó cerca del auditorio, y aproveché para pasar por una librería, como gusto hacer. Emergí de ella a las luces nocturnas pocos minutos después con cuatro euros menos y Hojas de hierba entre mis manos. Lo había leído ya, pero mi copia original está a un océano de distancia, y el precio era más que bueno. Así que ahí estaba yo, acariciando las páginas y repasando ligeramente los poemas que cantan de estos Estados Unidos que quisiera haber conocido, y comencé a recordar.

Recordé haber leído otro libro hace no mucho, un libro llamado American Gods, que hablaba de la Ragnarök entre dioses débiles y divididos, lejos de sus fieles al otro lado del mar, y de cómo un hombre entre ellos era el único con el poder de hacer algo al respecto. Un hermoso libro, que me hizo pensar mucho sobre esa tierra tan curiosa y diversa.

El siguiente recuerdo, oculto entre páginas y páginas de nombres de moluscos y peces, fue el capitán Nemo y su lucha por vengarse de un imperio al que no podía más que admirar al tiempo que lo odiaba.

Recordé finalmente a Gilgamesh, un antiguo Odiseo, amigo de monstruos y amante de Diosas, viajero en busca de inmortalidad, como cada uno de nosotros. Destinado, como todos, a no encontrarla, pero con la esperanza de lograr almenos el recuerdo o la gloria.

La gran explosión

Me puse a pensar así en algo que está en el fondo de la mente de muchos, y al frente entre las ideas de muchos otros. Los US de A, América (¡el atrevimiento, como si el resto del continente no existiera o fuese suyo!). El Jefe. Los invasores bárbaros. Los cerrados - en - sí - mismos - mientras - nos - invaden. Ellos. Recordé cuánto nos encanta culparlos por nuestros problemas, y cuántas veces tenemos razón. Recordé cómo se comportan, con su presidente ridículo pero peligroso, ese hombre que parece un mono pero que es el hombre más poderoso del mundo.

Algo de eso que pensamos es verdad, claro. Y otra parte es sólo nuestra voluntad (para algunos valores de "nosotros") de no reconocer que si nos va mal puede que sea responsabilidad nuestra también. Que los EE.UU. se aprovechen de esto no los pinta con buena luz, por supuesto, pero dudo que les importe. El que sean hoy día un país en que la estupidez puede aplastar y acallar a la ciencia me preocupa, pero con trescientos millones de personas más o menos, un porcentaje de idiotas es inevitable, como inevitable es también el genio, el coraje, la laboriosidad e inventiva que tienen y que son lo que los mantiene a flote. Basta que los escasos hombres felices pesen lo suficiente para llegar a un equilibrio.

Comencé a pensar en los muchos países Musulmanes, en que tanta gente odia las propias tripas de los estadounidenses. Recordé a los Palestinos disparando sus kalashes al cielo con tanta alegría el once de Septiembre. Esas mil palabras me hablaban de gente con nada que perder, de gente que posiblemente no intentaba aterrorizar sino hacer la guerra. Quizás sea sólo yo, pero cuando veo su guerrilla en parte pienso "no tienen el dinero para hacer guerra de verdad, y hacen lo que pueden". No quiero decir que tengan razón, cuidado. Me encantaría que dejaran todos de pelearse y de hacer volar gente. Es generalmente más fácil conversar con las personas que no han explotado aún, y además tienden a verse mejor.

Recordé discusiones con una ex, y cómo algunas veces solía preguntarle si podía ponerse en los zapatos del malo, para algunos valores de "malo" que hoy no recuerdo, y que de todos modos no importan ahora. No podía, en ese caso. Y eso es algo que hago por costumbre. Es que, saben, la manera más fácil de discutir conmigo, si es que tengo ganas, es afirmar a mi cara algo, sólo porque sí. Eso hace que instintiva e instantáneamente me ponga en el rol del abogado del diablo, en el que intento ver la otra cara del negocio. La cara buena de los Norteamericanos, por ejemplo. La bondad del malvado. Los puntos buenos de una cosa mala. No, no lo hago con Hitler. Algunos locos son simplemente eso.

Una de las cosas más difíciles de escribir, por cierto, es un villano coherente. Los maníacos son fáciles, no necesitan mucha justificación. Simplemente basta sazonar con una risotada malévola, agregar al costado un ayudante jorobado y cojeante, de nombre canónico Igor, y está uno hecho. Pero presentar a un malo que lo es simplemente porque no estamos metidos en sus zapatos exige esfuerzo. Te fuerza a enfrentarlo, a conocerlo. Y hace muy, muy difícil odiarlo con las mismas ganas.

Este es el motivo por el que intento situarme de ese lado de la ecuación. Cuando la gente me dice "Microsoft Windows es el Mal" (se escucha la mayúscula, de veras), pienso instantáneamente muchas cosas, entre las cuales "¡Oh, no otra vez!" y "Menos mal que crecí de esa fase ya". La cosa es que, desde mi punto de vista, Microsoft es sí una compañía bastante despreciable, por muchas razones válidas (una de ellas es que llegué a conocer sus productos a lo largo de diez años). Pero es el 90% del mercado de software en venta al público. Estudio ingeniería del software. Reírse del 90% del mercado o insultar a sus usuarios no son sólo costumbres equivocadas, es simplemente estupidez. Aún si no piensa uno gran cosa de ellos por políticas, razones económicas o diseño, se puede siempre aprender algo. Siempre. Hay consideraciones de diseño de la mayor importancia en sus productos, y han invertido mucho tiempo y dinero para llegar a ellas. No se puede simplemente tirar todo eso por la borda con una simple reducción a la maldad. Y si alguien que conozco lo hace, estaré ahí para decir algo, espero. Esto no me hace el mejor de los amigos, a veces, pero es lo mejor que puedo hacer.

Es que, saben, cuando uno se calza los zapatos de otra persona obtiene mucho más que calambres en los dedos. Puede que uno obtenga una visión nueva del mundo. Una en la que tu vida no es gran cosa y estás dispuesto a hacer cualquier cosa contra los invasores, si se mete uno en los zapatos de algunos Iraquíes. Una visión en la que estás tratando de eliminar el mal del mundo, si te pones botas de soldado. Otra visión del mundo, en cambio, en que la gente no es simplemente amiga o enemiga. Espero ofrecer ese panorama desde mis zapatos. Son usualmente zapatos buenos y un poco manchados, mucho muy lejos de la perfección pero muy cómodos para caminar. Son zapatos tranquilos.

Blogueando con el enemigo

Intento hablar con Norteamericanos sobre esto, a veces. Intento mencionarles algunas veces, cuando creo que la netiquette lo permite y en los mejores términos, que por alguna razón gran parte del resto del mundo los odia. No parece gustarles el que esto se les haga presente. Hace algunos días, en un blog que no nombraré aqui, los participantes charlaban sobre cómo todos los terroristas deberían ser eliminados, varios con soluciones que implicaban la eliminación de montones de gente inocente. Algunos proponían el "fin de la generosidad Americana" y en general el retiro del mundo. Otros proponían eliminar el mal en el mundo a tiros. El que ninguno dijera algo contra las ideas absolutamente opuestas del otro me dio una extrañísima impresión de una potencia colonialista que se mira el poderosísimo ombligo.

Es una idea que no me gustó mucho, porque explica tantas cosas. Si puedo extrapolar de lo que leo, muchos Norteamericanos no saben gran cosa del resto del planeta, no pueden decir dónde está, por caso, la República Checa. Ni les importa. Al mismo tiempo, han votado -el 50% de los que se molestaron en votar- a un presidente con una mente claramente imperialista y fanática. Amigos o enemigos, dice. Y si enemigos mejor, porque podemos invadirlos con menos problemas. El que se haya salido con la suya en la invasión a Irak habla ríos del miedo en la gente Norteamericana, y de su deseo de vengarse. No tienen ni idea de exactamente en quiénes se toman venganza, pero están contentos de todos modos con la sensación genérica.

Cuando mencioné, en el blog del que hablaba, que no me gustaban ni el comportamiento ni la política de Saddam Hussein, pero que tenía que tomar "su lado" porque no me gustaba que los EE.UU. decidieran unilateralmente que mi país es malo, muchos saltaron con "Oh, así que Adriano aprueba la tortura". "Puta madre, no" -dije- "El mundo no es sólo blanco y negro y yo no debería estar acá escribiendo sobre el tema. Tengo que hacerlo y no me gusta, así que por favor métanselo en la cabeza si no estaban convencidos todavía".

Cuando dije que detestaba a los EE.UU. metiéndose con la soberanía de otros países del mismo modo que ellos, libertarios, odiaban que su gobierno se metiera en sus asuntos privados, y aclaré que en ese caso preferiría un gobierno global en que al menos más países puedan opinar, las respuestas viraron a "Pero la ONU es un organismo corrupto, y no funciona". Claro, díganselo a los Haitianos y Sudaneses. Y vengan también a decirme que su propio gobierno no es corrupto. Disfruto de una buena carcajada como el que más. Sí, esta es una forma de decir "roba, pero hace", algo que detesto. Salvo que no estoy demasiado convencido de que robe tanto, y de todos modos, fijémonos qué países están a la cabeza de la ONU, y por cierto, cuáles son los que a la ONU le deben más dinero. Oh!

A esta altura, tuve una extraña sensación de ser un misionero predicando a los paganos mi gran visión. Algo que realmente detesto, especialmente si los testigos de Jehová golpean a mi puerta a las ocho de la mañana del sábado. Supongo que algunas veces el evangelismo se vuelve no sólo necesario, sino inevitable. Para el evangelista al menos, se siente como algo de importancia suma, algo que aparta todos los demás temas. Bañados en esa diáfana luz de autoaprobación, perdemos gran parte de nuestro sentido auditivo, parece, y el mundo se torna un lugar en que dividimos las cosas demasiado estrictamente.

Epílogo

Veo estos días, un mundo en que los mentirosos ganan, en que hay gente que estafa a millones de clientes que no sospechan nada, donde el respeto y el honor son palabras olvidadas, y donde la violencia prevalece. Veo también que las cosas han cambiado poco y nada en los últimos cinco mil años, como para dar un poco de perspectiva. Quiero que este mundo de miedo y desconfianza deje de ser, y por eso hablo, y por eso también intento escuchar. En el mundo en que la gente condena al Islam por ser fanático, y otra gente condena a los EE.UU. por ser fanáticos, me pregunto qué podemos hacer al respecto. Las escuelas me vienen a la mente, por alguna razón. La comida. Viajar. Como dijo alguien, cuando el mundo le ofrece un almuerzo completo y una copa de coñac, incluso el Señor Oscuro más rabioso tiende a sacarse los zapatos y a sentarse con una sonrisa a charlar. La gente con estómagos y mentes llenas tiende a no querer explotar tanto, y también a no querer hacer explotar a otra gente. Bebamos por eso.

Habrán notado tal vez que este post les llega gracias a la gentileza de los señores Verne, Williams, Asimov, Shakespeare, Whitman, Pacino y Reeves. Sin su ayuda, este post habría sido imposible, del mismo modo que otras tantas cosas buenas mías. Mis gracias de corazón a todos ellos.

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